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Sembrando para el futuro
Foto Alisos - La Fundación Proyecto de Vida se encuentra ubicada en el municipio de Socha, Cundinamarca. Colombia.
Jonathan lleva una carretilla cargada de tierra para que su hermano Jean Carlos llene con ella algunos recipientes de plástico hechos con botellas de gaseosa. Los hermanos Tamayo hacen parte del equipo de niños entre 10 y 15 años pertenecientes a la Fundación Proyecto de Vida. Allí, desarrollan programas de siembre en huertas caseras como resultado de un proyecto de agricultura en la zona.
Tres veces por semana, los niños se ponen cita para hacer labores de campo en la urbe. En Soacha, un municipio cercano a la capital de Colombia, Bogotá, Jonathan y Jean Carlos acostumbran a sembrar sus plantas hacia las doce y así aprovechar el sol del mediodía. Toda una rutina que llevan haciendo desde hace más de un año. En la Fundación han destinado parte de su terreno a la producción de cultivos que sirven para el consumo de casi 200 niños de bajos recursos.
Cuando Jonathan llega con la carretilla, Jean Carlos tiene ya organizados algunos recipientes, producto de botellas de gaseosa que trajeron de sus casas. “Es importante generar en los niños el sentido de reciclar. Están aprendiendo a reutilizar cosas que antes botaban a la basura”, dice Édgar Oviedo, profesor y coordinador del proyecto, mientras con una pequeña pala alista un compuesto orgánico para abonar las plantas.
Mientras abona las plantas, Édgar les recuerda a Jonathan y Jean Carlos que pueden obtener abono o compost a partir de la descomposición de algunos desechos orgánicos, como las cáscaras de las frutas, las de los vegetales, el pasto y los excrementos de los animales. Además, les explica los beneficios ambientales que trae consigo este tipo de prácticas, pues se mantiene el ciclo natural de descomposición, evitando quemar los residuos.
Para que los cultivos puedan desarrollarse es fundamental preparar la tierra. Abonos, fertilizantes, compost y agua son los principales elementos que los niños utilizan en su mantenimiento. Estos proyectos sirven para recuperar terrenos cultivables que se han descuidado, devolviendo el valor que pudo haber perdido la práctica del agro.
Por situaciones como el desplazamiento forzado o la falta de hábitos casa, las familias que pertenecen a este sector han perdido la costumbre de ingerir alimentos saludables, razón por la cual, la huerta resulta un ingenioso y sostenible modo de enseñar a los niños y jóvenes a comer verduras y a sembrar plantas aromáticas. Este programa además es una opción de vida que garantiza el suministro de alimentos de manera económica, explica Violeta Parra, coordinadora general de la Fundación Proyecto de Vida.
La volatilidad en los precios de los alimentos ha hecho tomar conciencia de la importancia de la agricultura urbana y periurbana (AUP), prácticas agrícolas realizas en zonas entre el sector rural y el urbano, “como un importante recurso de la seguridad alimentaria y nutricional”, pues se estima que hacia el 2050 el 70% de la población mundial vivirá en áreas urbanas, asegura la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura (FAO).
Foto Alisos - Jean Calos Tamayo distribuye su tiempo entre la escuela y las labores en la huerta, de acuerdo con la directora, Violeta Parra, esta actividad alterna ayuda a los jóvenes a invertir provechosamente su tiempo.
Los niños de la fundación se reúnen a la 1:00 de la tarde en el comedor comunitario para almorzar. La cebolla, los ajos, la zanahoria, la arveja y algunos de los vegetales que comen allí son fruto de su propio trabajo en la huerta. “Siempre procuramos mantener un menú balanceado, rico en proteínas y sobre todo darles algo que les guste”, afirma Violeta Parra. Mientras habla con dos de las cocineras del restaurante, deja entrever su preocupación por el buen crecimiento y desarrollo de los niños que, según ella, es la función principal de la huerta y del comedor.
Los proyectos de agricultura urbana y periurbana, que van de la mano con la ecología, podrían duplicar la producción de alimentos saludables en diez años, según Olivier De Schutter, relator especial de las Naciones Unidas sobre el Derecho a la Alimentación. De hecho, a nivel mundial dichas iniciativas se han convertido en modelos de desarrollo eficientes y sostenibles, en especial para los países en vías de desarrollo, porque permiten combatir el hambre y mitigar los efectos del cambio climático, ayudando a cumplir dos de los objetivos del milenio.
En Nicaragua, por ejemplo, durante seis años se llevó a cabo un proyecto de AUP en el que 403 habitantes de Managua se beneficiaron. Mejorar la calidad y la disponibilidad del agua fue vital para que las personas garantizaran su alimentación y superaran la pobreza, por medio de la venta de los excedentes de sus cultivos. Asimismo, en Lima – Perú, 370 familias implementaron, en pequeños espacios de tierra de sus casas, huertas destinadas para el autoconsumo y la venta a los vecinos.
Algunos de los niños de la fundación han creado huertas en el jardín de sus casas, en donde la lechuga y las aromáticas ya empiezan a dar frutos. “Esto ha sido muy importante para integrar a las familias, pues los padres valoran el esfuerzo de sus hijos y los niños sienten que pueden ayudar a sus papás a obtener alimentos y a conseguir fuentes de ingreso”, explica Violeta Parra.
Foto Alisos - La Jonathan, hermano de Jean Carlos, además de ayudar en las tareas propias de la siembra, es quien selecciona los alimentos que iran al comedor comunitario de la Fundación.
Entrada la tarde, Jonathan y Jean Carlos tienen más de diez recipientes llenos de tierra y abono listos para que sean el refugio de semillas y futuras plantas. Los demás niños se dividen en labores como el arado del terreno, la clasificación de las semillas, la fabricación de herramientas manuales y el cuidado y supervisión de la siembra.
* Alisos, Alianzas para la Sostenibilidad, invita a todos sus lectores a contar sus acciones en pro de la sostenibilidad, a través de las redes sociales: www.facebook.com/alisosnet y twitter.com/alisos_net
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| ¿POR QUÉ BIENESTAR Y CONSUMO? |
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El cumplimiento de los derechos humanos, la satisfacción de las necesidades básicas de la población, el acceso a oportunidades y la toma de decisiones de forma amplia y participativa, son elementos clave de la sostenibilidad.
La ciudadanía tiene el derecho y el deber de involucrarse en el logro de mejores estándares de vida para todos, sin aumentar la huella ecológica; de contribuir a la protección de los ecosistemas y a demandar que éstos sean mejor gestionados; a participar de la toma de decisiones; y a demandar más y mejor acceso a información ambiental, social, económica e institucional. |
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